Sunday, April 8, 2007

Capítulo 1: Señales

Eran las 11:00 PM. Al salir de la casa de Jordan, parecía que parte de su tristeza se hubiese pegado a mi cuerpo y la llevase conmigo. La escena desgarradora de verlo sufrir por la pérdida de su esposa me tenía destrozado. La muerte puede ser a veces tan repentina que uno no acaba de acostumbrarse, se piensa que no es real y que quizás es un mal sueño del que vas a salir en cualquier instante. Bajé los escalones y emprendí la caminata a mi casa, no estaba tan lejos, a lo sumo 8 cuadras desde aquí. Es una noche tranquila y la situación la merece. Iba absorto en mis pensamientos y dejé que mi mete vagara un rato, no tenía afán de llegar. Iba pensando en la fecha del matrimonio de Jordan y Alicia. Fue un verano bastante acelerado ese. Hacia un mes se habían conocido y al siguiente ya estaban casados. Recordaba las piezas de música que tocaron y que todos disfrutamos. Me distraje tanto, que en alguna esquina debí doblar mal y terminé cerca de un paradero de buses. Me detuve justo debajo de un poste de luz para revisar la hora. Eran las 11:25. Yo no debía demorarme más de 15 minutos en llegar a casa. Estaba perdido en medio de un barrio suntuoso de Boston, con un viento frío que se colaba por entre mi abrigo. En el paradero había un señor sentado. En lugar de ir donde él, le llamé en voz alta desde el refugio de mi poste.

- Disculpe. Sabría usted decirme como salgo a la calle Lawrence?

El señor de unos cuarenta años se levantó mirando al fondo de la calle como pensando. Con la mano en la barbilla me contestó:

- Creo que debe devolverse por esta calle por donde viene y girar en aquel supermercado hacia el sur.

A medida que me decía estas palabras, el se acercaba a mi, pero en tono pensativo, como queriendo confirmar con su memoria si me estaba dando las señales correctas. En el fondo de la escena sonó un ruido sordo de motor, y en seguida un rechinar de llantas. El individuo estuvo tan cerca ahora de mi que hubiera podido estrecharle la mano con sólo estirar mi brazo.

- Efectivamente –Me replicó. – Sólo debe girar en ese supermercado y seguir derecho al sur hasta que llegue a un restaurante Italiano.
- El Piazzo. –Le anoté.

No acababa yo de afirmarle que había entendido las indicaciones cuando un coche salió de la nada y en un movimiento brusco se estrelló estrepitosamente contra el banco donde hacía unos segundos ese señor estaba sentado. Todo fue muy rápido. Como por instinto me tiré al suelo detrás de un coche aparcado justo frente a mi. El hombre estaba petrificado mirando la escena. Le temblaban las manos y por un instante pensé que se desmayaría. Me levante luego de mi salto, digno de un doble de cine, y me acerqué al desconocido que ahora estaba mirándome y diciéndome con voz nerviosa:

- Yo estaba ahí hace un instante.

Lo último que supe fue que vinieron los bomberos, los paramédicos y en minutos parecía una escena sacada de una buena película de Bruce Willis. El conductor estaba ebrio y no sufrió mayores daños. Yo me retiré de la escena aún con la imagen en cámara lenta del choque y el extraño dando gracias por estar vivo. Estaba cansado y no quería dar declaraciones. Esta vez el camino se me hizo eterno. Quería llegar ya mismo a casa y descansar. En la última esquina ya para acercarme a mi edificio, una paloma salió de una escalera de sótano. El susto fue tan grande que me tocó tomarme de la baranda de donde había salido. No era una noche para sustos: funeral y testigo de un accidente. Subí a mi apartamento y cerré la puerta tras de mi. Me quité los zapatos, la camisa y me acosté en la cama mirando al techo. Segundos después quedé dormido profundamente.

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